Lloré hasta
sentir las lágrimas secarse en mis dedos. Lloré hasta respirar profundo y darme
cuenta de que ya nadie me hacía bien. Lloré hasta entender que estaba sola y
desprotegida en este lugar. Lloré hasta perder la conciencia y sentirme
completamente inútil. Lloré porque sentí tu ausencia, esa que hasta hoy nunca
había estado, y por fin logré darme cuenta de que en realidad, aunque me cueste
aceptarlo, no es culpa de nadie ni de nada lo que me sucede. Lloré, porque por
primera vez en mi vida me sentí realmente sin apoyo, sin amigos, ni nadie a
quien recurrir cuando la soledad corta mis palabras y ahora mi respiración. Lloré, porque vivía
cada día sin vivirlo, creyéndome feliz, convenciéndome de que todo lo que hacía
estaba bien. Y lloré, para descargar de una vez por todas, todo el dolor que me
ocasionaba sentirme tan poca cosa, de pronto me había olvidado de cómo era
sentirse orgullosa de misma.lunes, 28 de mayo de 2012
Lloré hasta
sentir las lágrimas secarse en mis dedos. Lloré hasta respirar profundo y darme
cuenta de que ya nadie me hacía bien. Lloré hasta entender que estaba sola y
desprotegida en este lugar. Lloré hasta perder la conciencia y sentirme
completamente inútil. Lloré porque sentí tu ausencia, esa que hasta hoy nunca
había estado, y por fin logré darme cuenta de que en realidad, aunque me cueste
aceptarlo, no es culpa de nadie ni de nada lo que me sucede. Lloré, porque por
primera vez en mi vida me sentí realmente sin apoyo, sin amigos, ni nadie a
quien recurrir cuando la soledad corta mis palabras y ahora mi respiración. Lloré, porque vivía
cada día sin vivirlo, creyéndome feliz, convenciéndome de que todo lo que hacía
estaba bien. Y lloré, para descargar de una vez por todas, todo el dolor que me
ocasionaba sentirme tan poca cosa, de pronto me había olvidado de cómo era
sentirse orgullosa de misma.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario